jueves, 21 de julio de 2011

Cambio.

  Las cosas han cambiado, y no me gusta reconocerlo. Yo he cambiado, mi entorno ha cambiado, mi manera de pensar… “nah”, mi manera de pensar no ha cambiado. Pero si mi manera de manifestarla.
  Tengo miles de ideas, miles de cosas… que pienso y hago. Pero tengo otras miles de ideas, miles de cosas… que no puedo cumplir. Como todos vamos, pero no me come mucho la cabeza.
  Estoy sufriendo una evolución. No se, eso creo, un progreso. A mejor he de creer. Pienso mejor, entiendo mejor, cosas que antes no entendía tan bien, y las cosas que entendía bien las llevo a otro nivel.
  Me sigo preocupando por lo mismo, sigo queriendo igual, sigo llorando, sigo riendo… Yo sigo siendo el mismo, y realmente todo sigue igual. Las cosas siguen igual, y no me gusta reconocerlo.
   En efecto, todo sigue igual y a la vez cambia. Todo cambia y a la vez sigue igual. Y como se suele decir, no hay mal que por bien no venga. Y yo añado, no hay bien que no traiga mal. Se cambian facetas, se mantienen rasgos… se cambia el físico, se mantiene la esencia. Por eso siempre seremos  los mismos, aunque cambiemos radicalmente.

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