domingo, 14 de noviembre de 2010

Una batalla importante.



            Tengo una batalla que ganar. No se si me servirá para ganar la guerra, pero la tengo que ganar. Tengo que sacar fuerzas.
            Cada día me atacan con más entusiasmo brigadas a las cuales no puedo hacer frente, y necesito tener defensas. Me hacen daño de diferentes maneras, con diferentes métodos, de diferentes formas… y yo necesito un escudo que mantenga todo lejos, muy lejos.
            Me miran con miradas que matarían al mismo Aquiles, y eso que su punto débil era el talón. Luego me miran con miradas que amansaría a la fiera más feroz. Me muerden, me arañan… de tal forma que el dolor se convierte en placer. Y después me besan, me abrazan… hasta dejarme ronroneando cual gato.
            Me hablan de una manera tan borde que me choca y a la vez me dicen cosas tan dulces que me ponen “ñoño”. Me hacen silencios tan sorprendentes que pienso que de verdad soy ignorado, y otras veces el mismo silencio me expresa más que cualquier tipo de palabra.
            Estoy contra la espada y la pared, buscando alguna grieta del enemigo por la cual contraatacar con mi tropa, mi ejército está listo para el combate.
            Solo tengo que saber, como son los silencios y/o las palabras que tengo que proporcionar. O mejor dicho, de que manera.
            Aunque se que solo será un pequeño paso que tengo que dar, para después combatir en una gran guerra.

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